PUJILÍ

La ciudad que se negó a convertirse en una nueva Pompeya

   Texto: Dr. Carlos Villamarín Escudero

   En la tarde del 28 de marzo de 1996, la centenaria ciudad de Pujilí fue destruida por un violento terremoto, que conmutó su palpitante belleza en inertes escombros envueltos en una asfixiante nube de polvo. De aquella acuarela serrana plasmada magistralmente por el supremo artífice, donde la agreste presencia del agave y del capulí contrasta con la elegancia de rosaledas en eclosión de colores y esencias, quedaba ciertamente bien poco. Y ante el fundado temor de que la naturaleza volvería a ensañarse con su víctima, la maltrecha urbe corría el riesgo de ser abandonada definitivamente y relegada al olvido.

   Entonces Pujilí habría tenido similar suerte a la de Pompeya, la cual fue destruida en el año 79 por una erupción del Vesubio y permaneció durante más de 1500 años sepultada por una capa de fango volcánico y del olvido acumulado durante tantos siglos. Por cierto, la ciudad de Pompeya no estaba sola en la desgracia, ya que de ella compartieron también sus vecinas, Herculano y Stabias. Y sin duda hubiesen permanecido olvidadas hasta ahora si la casualidad no hubiese contribuido al descubrimiento de sus ruinas. En 1748 comenzaron las primeras excavaciones bajo la dirección del arqueólogo alemán Johann Joachim Winckelmann.

   Paradójicamente para Pujilí, el hado tenía reservado un futuro diferente y, bien mirado, nada desagradable, al cual se pudo acceder gracias a la moral de la comunidad que se mantuvo siempre en su nivel óptimo. Esta prerrogativa consistió en ver la ciudad devastada reconstruida en un lapso relativamente corto. Semejante suceso tiene a todas luces visos de milagro, aunque milagros de ese tipo no se producen sino únicamente en condiciones muy especiales.

   

  El licenciado Marcelo Arroyo Ruiz, Alcalde del cantón Pujilí, ocupa un sitial de honor entre los mejores funcionarios públicos designados por votación popular. Ha sido sin duda una excelente decisión de sus conciudadanos

 

Lic. Marcelo Arroyo Ruiz      

 

     
 

   

   El Alcalde Lic. Marcelo Arroyo, acompañado de la Ministra de Turismo Yolanda Kakabadse y del Vicealcalde Prof. Armando Tigselema Granja, quienes contemplan la vajilla "made in Pujilí" extasiados por su belleza.

 

     
       
 

   El primer ciudadano de Pujilí (y lo fue también del país). Hombre de límpida trayectoria y brillante militar, llegó a ocupar la Presidencia de la República. Durante su administración se realizaron innegables avances en el país y se dio inicio a su desarrollo.
   La opinión general es de que su Gobierno fue uno de los mejores que registra la historia de Ecuador.

 

  Gral. Guillermo Rodríguez Lara 
 

 

   Tan pronto como atenuaron las convulsiones del cataclismo, los pujilenses, en vez de someterse obsecuentes a la postración anímica y batirse en retirada, en busca de lugares que ofrecieran mayor seguridad a su integridad física, prefirieron quedarse para restituir todo cuanto había perdido su amada ciudad al ser presa de la naturaleza enfurecida. Liderados magistralmente por su Alcalde, don Marcelo Arroyo Ruiz, se enfrentaron con denodado valor al peligro que pendía sobre sus cabezas y a las penurias imperantes de aquellos aciagos momentos. En esas circunstancias, el anhelo de realizar aquella empresa heroica, claro está, no siempre les fue fácil de sobrellevar incólume, y sólo lo mantuvo a flote su acendrado sentimiento cívico. Pero al término de la jornada, el sacrificio fue premiado por el éxito.

   Finalmente la ilustre ciudad de Pujilí, célebre por su cultura de profunda raigambre y cuna de personajes ilustres que escribieran en la historia nacional sus páginas más brillantes, como Luis Fernando Vivero y el ex Presidente de la República General Guillermo Rodríguez Lara, por ejemplo, se vio restablecida totalmente de sus heridas. Ahora ella, en su esplendorosa belleza andina, disfruta de palpitante alegría, aun con mayor vivacidad que antes. Sus templos y monumentos, sus palacios públicos y edificios particulares, sus planteles educativos y centros deportivos, han sido restaurados y embellecidos ateniéndose exactamente a su aspecto original hasta en el mínimo detalle. La obra realizada es tan brillante que, si un morador de esta ciudad se hubiera ausentado de ella poco antes de su destrucción y volviese a verla ahora, creería que nada nefasto ha ocurrido aquí. En cuanto al sinnúmero de obras públicas monumentales surgidas como por arte de magia en todo el perímetro urbano, lo imaginaría precisamente eso: Magia.

   Ciertamente, el artífice de este portento, don Marcelo Arroyo Ruiz, quien practica la magia cívica, debió usar mucho de esta maravillosa ciencia para realizar su anhelo: forjar el engrandecimiento patrimonial y cultural de su patria chica,

     Un monumento arquitectónico al servicio de la Fe religiosa. Sin embargo, su sola presencia eleva el espíritu aun de quien carece de ella. Contemplarla constituye un deleite en grado superlativo.
   De venerable ancianidad y restaurado muchas veces, este templo es el corazón de la ciudad. Una vieja creencia muy difundida aquí dice: "Mientras la Iglesia Matriz se mantenga en pie, la vida de Pujilí, como ciudad, estará asegurada".
 
 

 Parque Luis Fernando Vivero y, al fondo, la Iglesia Matriz

 

 
     
     
 

   El impresionante torreón del palacio municipal es en sí el símbolo de identidad de Pujilí. Testigo silente pero atento del tránsito de la historia de la centenaria ciudad, quién sabe cuántas epopeyas gloriosas, cuántas eclosiones de alegría y cuántas escenas de dolor, ocasionadas principalmente por desastres naturales, le cupo presenciar a lo largo de su existencia.

     El torreón

 

Detalle del magnífico mural dedicado a los personajes ilustres del cantón. A su lado un turista que no desaprovecha la gran oportunidad de tomarse una instantánea junto al retrato del General Rodríguez Lara.

Famoso mural consagrado a ilustres pujilenses.
Obra del genial artista Paúl García Lanas.

FOLKLORE

   La ciudad de Pujilí, situada a sólo diez kilómetros al oeste de Latacunga, entre las cordilleras Central y Oriental de los Andes, constituye uno de los atractivos turísticos más importantes de la provincia de Cotopaxi, representado en su rico folklore que encarna estampas tradicionales únicas. “El Danzante, por ejemplo, es el personaje central de la celebración de Corpus Cristo, que congrega a toda la población en el tradicional paseo procesional, en el que se combina la tradición, las creencias ancestrales y la religiosidad popular. El Danzante ha sido calificado como Patrimonio Cultural intangible de la Nación”.

 

   
  El Danzante  

Monumento a la "mishquera" (recolectora de miel).

 

Sacerdote de la lluvia, constituye el personaje principal de la festividad de Corpus Cristi, celebración en la que se funden la religión cristiana con las creencias paganas.

 

Del grato néctar que proporciona generosamente el agave, no se elabora aquí tequila ni mescal, como sucede en México, sino deliciosos pasteles y otros bocadillos apetitosos. También se lo utiliza para endulzar los alimentos en general.

 

ATRACTIVOTURÍSTICOS

 

Es aquí donde la cerámica, gracias a las expertas manos de alfareros lugareños, se transforma en objetos ornamentales de elegantes formas y exquisito acabado, dignos de considerarlos auténticos tesoros. En consecuencia, el advertido turista jamás se exime de adquirirlos.

   Repartidos en la ciudad, se levantan templos y monumentos de luenga trayectoria histórica, testigos fidedignos, cuando no protagonistas, de transcendentales sucesos acaecidos en algún lugar remoto del tiempo, que ciertamente vale la pena visitarlos. Y por supuesto, en su amplia demarcación territorial, también están presentes por doquier monumentos naturales de imponderable atractivo.

   Además, para el gastrónomo, que considera la vida (y también la muerte, supongo) entre suculentos manjares es más amena, existen aquí deliciosas sorpresas. Sus platos nativos, entre los que se destacan el cerdo horneado, el llapingacho y los pastelillos elaborados a base de miel de agave, deleitarán su exigente paladar.

   Pero los atractivos de Pujilí no se detienen precisamente aquí. En esta tierra bendecida por la naturaleza, donde la tuna, el agave y el capulí, otorgan con su miel inmensurable placer a la vida, y sus hermosas mujeres despiertan la inspiración de poetas y trovadores, bajo una capa acumulada por el incesante alud de acontecimientos, subyace un rico filón de cautivantes leyendas, basadas unas en sucesos reales y otras en la imaginación. El folklore pujilense es abundante en materia de leyendas, pero hace falta rescatarlo con extremo cuidado. Además, cuando más pronto mejor. La leyenda de “El caballero Llerena” es una de ellas.

 

 
 

Pintura primitivista
La cultura andina en su expresión aborigen, como en ningún otro lugar del altiplano, esta presente en Tigua y Zumbagua, parroquias rurales del cantón Pujilí.

 

 

HISTORIA

   La historia de Pujilí, como sucede casi con todos los pueblos que se ven forzados a soportar el yugo de la dominación extranjera, se muestra visible sólo en parte. Conocemos su trayectoria a partir de la invasión Española, aunque en su inicio se muestra ésta fragmentada, salpicada de lagunas y plagada de baches que los cronistas de la época intentaron rellenarlos con comentarios arbitrarios y contradictorios entre sí. Apenas desde la guerra independentista se vuelve ella transparente. La brillante participación de este aguerrido pueblo en las batallas libradas contra los realistas, le valió su honrosa inscripción en las páginas de la historia. Lo dicen paladinamente las crónicas que los patriotas pujilenses, debido a la destreza para el combate y al evidente desprecio a la muerte, durante la lucha libertaria, no tardaron en convertirse en el terror del enemigo. En archivos que reposan en la Biblioteca Nacional (y seguramente en otras), gracias al aporte de las autoridades de la Iglesia, que tenían el encargo de anotar minuciosamente los sucesos importantes ocurridos en sus parroquias, como también al de los Tribunales de Justicia encargados de juzgar a los sediciosos, es posible encontrar amplia información al respecto.

   En todo caso, para entonces los historiadores se refieren a Pujilí como una parroquia importante, que ha recorrido ya un apreciable trayecto en el tiempo. Incluso aluden que a la sazón contaba ella con personal idóneo que no sólo lo representara a sí misma, sino, también a la provincia. Indudablemente, su sociedad había adquirido conciencia y madurez suficientes como para enfrentarse a los graves momentos que atravesaba la naciente Patria. Y bien, todo su tránsito desde esa época acá, es historia conocida por todos.

   En cuanto del Pujilí anterior a las dos instancias avasalladoras, el dominio inca y el dominio español, poco o nada se conoce. Se sabe apenas que existió aquí un importante asiento poblacional de antiquísima data. Pero ¿quiénes lo poblaron y a qué civilización pertenecieron? Al respecto la arqueología aún no determina nada con certeza. Sin embargo, ateniendo a la lógica simple, es fácil colegir que, debido a su situación geográfica, debió pertenecer a la gran Patria Panzalea. Pues la nación Panzalea, según la toponimia, la antroponimia y los descubrimientos arqueológicos, abarcó el centro de la serranía de la actual República del Ecuador, en las provincias denominadas hoy Pichincha, Cotopaxi y Tungurahua.

   Tampoco se conoce cuál fue su nombre original, pues, el que se conoce hoy: "Pujilí", es un vocablo de indiscutible filiación quechua. Los invasores incas lo "rebautizaron" así este poblado tan pronto como cayera bajo su dominio, según la inveterada costumbre de todo estado invasor. El nombre con el cual se lo conoció en su génesis, es posible que nunca se lo conozca.

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