La Esperanza 

              

 

José María Vargas Vila

 

 

No matéis la Esperanza en el corazón del Hombre;

el Hombre es un ser fundado sobre la Esperanza, que no vive sino de la Esperanza, ni tiene otra ventura sobre la Tierra que la Esperanza;

la Esperanza es una fuerza más grande que la Fé, de la cual es una forma;

sin la Esperanza, la Vida sería menos que un camino en la Noche: sería una Peregrinación en el Caos;

no apaguéis ese divino Sol en las conciencias; ¿qué quedaría sobre el cielo de las almas?

el hombre puede resignarse a vivir sin la Ventura, pero no sin la Esperanza;

¡dejemos al Hombre la Esperanza!

ella no alcanzará a salvarlo, pero alcanza siquiera a consolarlo; y el Consuelo es una Misericordia-ultrajante, como todas las misericordias del Destino —pero ¿a qué rebelarnos contra ellas, si no hay otras?

solo hay una cosa que consuela de la eternidad del Dolor y es la eternidad de la Esperanza;

los hombres, —que han creado a Dios— y creen en él, pueden hallar un refugio a su ilusión, a la sombra invisible de sus alas;

los que ya no creemos en nada, fuera del circulo de la Realidad que nos estrecha, ¿a dónde hallar un abrigo a nuestra Esperanza, en este naufragio absoluto de los dioses y de los hombres?

¿en dónde?

en el seno augusto de la Verdad;

la Verdad, como la lanza de Aquiles, cura las heridas que hace; La Verdad es el alma de la Historia, y se exhala de ella como un perfume;

vivamos en la Verdad;

y, digamos la Verdad;

la Verdad salva.