NOCHE DE BODAS

 

 

Por: José Vicente Quevedo U.

 

                                                                  El infierno es fuente de inspiración del perverso

                                                                  y quebranto del ánimo para el virtuoso.

                  

                                                                  José Vicente Quevedo

 

En ausencia de quien se considera dueño perpetuo de los abismos, vagabundo empedernido de las tinieblas, instigador de lo perverso y lo sarcástico, consultor de malvados y rufianes; dos almas del infierno decidieron unirse en matrimonio.

 

El novio: alcohólico, violador, drogadicto, y todas las especialidades que implican para ser un verdadero profesional en materia delincuencial; la novia: su perfil y hoja de vida, sobrepasaba todas las expectativas y no pedía favor en absoluto al de su prometido.

 

¡¡No eran poca cosa para que este par de facinerosos hayan sido expulsados al lugar más caliente del infierno!!

 

Su propósito, hacer una vida más armónica y llevadera en pareja. Permanecer solo en el infierno puede ser peor que su propia condena. Prueba de ello que ni el mismo Satanás lo tolera. A pretexto de ofrecernos pasantías, maestrías y doctorados en la rama del mal, su estadía casi siempre está acá junto a nosotros, a nuestro alcance, como si lo extrañáramos, Y para dar crédito al adagio que dice: “Dios los cría y ellos se juntan”, esta unión venía como anillo al dedo.

 

Los padrinos: leguleyos y lenguaraces, administradores del averno en ausencia del titular. El encargado de ejecutar la ceremonia, uno de los más antiguos en ocupar la curul del Concejo y con record mundial en delinquir. Éstos, en la tierra consagraban sus vidas al trabajo socializador, convenciendo a incautos a firmar millonarios contratos a cambio de sus almas.

 

La ceremonia a realizarse debía de ser pomposa dado el alto rango que ostentaban los contrayentes. Los pases revestidos en pan de oro dirigidos a personajes de relevancia: narcos, contrabandistas, calumniadores, pedófilos, insidiosos, estafadores... Todos ellos, con la generosidad a flor de piel, asistieron con infinidad de regalos: entre otros, licores en cantidades fabulosas de todo sabor y color; drogas líquidas y en polvo para todos los gustos y necesidades.

 

Con esta despensa abarrotada, se les fue la mano, produciéndose una orgía sin nombre. El escenario a punto de estallar, las puertas fueron violentadas, nadie se quedó afuera, incluso los guardianes encargados de poner orden, se involucraron al libertinaje. Mientras que Satanás, sudando la gota gorda y sin descanso, realizaba su tarea en la tierra, seleccionando a intermediarios para su misión, dizque para crecer su fama y poderío y hacer del infierno prometido un verdadero imperio; pero cuando él hizo su arribo triunfal, ¡casi le dio un patatús!

 

Encontró una escena que le daba retorcijones hasta en las prominencias del cráneo. Saqueado sus tesoros, sus diplomas demolidos en el piso, sus alfombras persas manchadas de sangre, mientras que avezados malhechores y toda su corte de infectos,  profesionales a carta cabal, hechos y derechos en estos ejercicios, se habían fugado, sin dejar siquiera el menor rastro.

 

Lucifer, sintiéndose abochornado, abatido por el destino, a punto de sucumbir en ese mismo instante. De no ser por su larga trayectoria, firmeza en sus convicciones, con mucha usanza en estas lides, especializado en materia penal, sociología, derechos humanos, psicología, hipnotismo, alquimia, etc. etc.; se habría suicidado.

 

Envilecido su orgullo, dijo que luchar en contra de estos depravados, corruptos, viciosos y lascivos, es perder el tiempo. A la vez autorecriminándose, que ni él con su poder de telepatía, conocedor de las ciencias ocultas: magia negra y magia roja; haciendo uso de medios sofisticados de espionaje; preparado en las mejores universidades, pudo con esta caterva de pérfidos.