El Tren Infernal
 (Un cuento sobre una leyenda)

Por: Carlos Villamarín Escudero

 

 

 

 

 



Laguna de Yambo

   Entre las ciudades andinas de Ambato y Latacunga, existe una laguna de aguas gélidas y verdosas de tétrica reputación, llamada Yambo. Está situada a un costado de la carretera Panamericana y a un par de centenares de metros debajo de ésta, cubriendo parte de una profunda depresión geológica. De modo que, quien se desplaza en auto, puede verla desde su mismo asiento.   

   Paralela a la autopista, a lo largo de la ladera que media entre ésta y la laguna, serpentean retraídamente las rieles del viejo ferrocarril construido hace un siglo por el general Eloy Alfaro. A medida que transcurría la segunda mitad del siglo veinte, el servicio ferroviario fue paulatinamente disminuyendo hasta cesar por completo en beneficio del autobús, que se encargaría de satisfacer con mayor eficacia las exigencias de los viajeros. Pero durante las décadas inmediatas a su construcción, la frecuencia de su tránsito debió ser nutrida.

  Y pertenece a esa época la leyenda que se refiere a un terrible accidente ferroviario acaecido junto a esta laguna. Se asegura que un tren repleto de "montoneros" que apoyaban la Revolución Liberal emprendida por Alfaro, como consecuencia de un sabotaje consumado por los "conservadores", se descarriló precisamente cuando, en su recorrido, se hallaba en el punto más cercano a la laguna, volcando aparatosamente hasta sus profundas aguas que, voraces, engulleron su preciosa carga.

   Aprisionados en los vagones, como en féretros colectivos, ninguno de los accidentados pudo salvarse. A nadie se le volvió a ver jamás. Aquella masa de agua, que para sus vecinos no es otra cosa que la boca del infierno, retuvo para siempre, en cuerpo y alma, a los infelices guerrilleros. Desde entonces existe la creencia de que todas las noches, cuando el reloj marca las veinticuatro horas en punto, procedente de los antros abismales que encubre las fétidas aguas, es posible escuchar con absoluta claridad los potentes e inconfundibles jadeos de una máquina a vapor que arrastra su pesado convoy. Y en medio de este fragor surge el espeluznante y potente ulular de una sirena accionada también por vapor.  

  Quienes dicen haberlo oído tal estrépito, creen conocer lo que es sentir el miedo en su expresión más descarnada, ya que "el terror —afirman— penetra en el alma más por el oído que por la vista".