El Espectro del Trolebús
(El último pasajero)

                                                                                     Por: Carlos Villamarín Escudero

   Es así como le han dado en llamar a este turista del Más Allá, que sin duda lo es el más joven de los espantos quiteños. Producto de las comodidades introducidas por la era de la tecnología, gusta de viajar plácidamente en trolebús. Su presencia fue notada por primera vez por el conductor de uno de estos vehículos tan pronto como arribara a la última parada. Éste, extrañado de que uno de los pasajeros no parecía tener la menor intención de apearse al término del recorrido, se le acercó con la idea de solicitarle que dejara el vehículo. Entonces descubrió que el pasajero en cuestión era muy diferente a cuantas personas conociera hasta entonces. Se trataba de un hombre joven y apuesto, de rasgos perfectos y ojos sonrientes, vistiendo traje color azulado, confeccionado en un material semitransparente, casi tan traslúcido como la tenue columna de humo de un cigarrillo, que permitía ver a través de él. También la anatomía del hombre debía estar constituida de similar materia, porque tampoco ofrecía obstáculo a la vista.

   De pronto, el excepcional sujeto, sin emitir sonido alguno ni mostrar agresividad, fue desvaneciéndose poco a poco ante el asombrado conductor, que tampoco consiguió articular palabra durante muchos minutos.

   A partir de entonces, este extraño personaje se ha permitido dejarse ver en múltiples ocasiones tanto a conductores como a usuarios de este medio de transporte urbano de la ciudad de Quito. Jamás ofende a nadie y es siempre el último pasajero en abandonar el vehículo.

   Pero ¿a quién pertenece este pacífico fantasma que, sin embargo, despierta pánico en quienes lo ven? Tal cosa resulta imposible saber, aunque suponen los entendidos en negocios de fantasmas, que pertenecería a cierto joven que muriera atropellado por un trolebús, a sólo una semana de que fueran puestos en circulación estos gigantes motorizados.